Piloña arranca octubre con una de sus citas más queridas: el Festival de la Avellana, que convierte Infiesto en punto de encuentro para cosecheros, artesanos, productores y vecinos durante el primer fin de semana del mes. La avellana no es solo el producto que da nombre a la fiesta, también es la excusa perfecta para reunir en torno a ella mercado, folclore, deporte y gastronomía en una celebración muy ligada a la identidad del concejo.
Quien se acerque estos días encontrará una fiesta que mezcla tradición agrícola y ambiente popular con naturalidad. La avellana se vende en la plaza del Ganáu, se acompaña de puestos de artesanía y alimentación, y se integra en un programa que da protagonismo tanto al trabajo del campo como a las costumbres locales. ¿Qué tiene esta cita para seguir llamando a tanta gente año tras año? Precisamente eso: una celebración sencilla en su planteamiento, pero muy reconocible en su forma de contar Piloña.

La avellana como seña de identidad
Más que un mercado puntual, el Festival de la Avellana funciona como un homenaje al producto que le da sentido. En Infiesto, la avellana se presenta como fruto autóctono y como parte de una economía pequeña, cercana, muy ligada al territorio. La venta directa de cosecheros mantiene ese vínculo entre quien cultiva y quien compra, y convierte la plaza en un espacio donde el producto se mira de cerca, sin intermediarios y con la calidad como argumento principal.
Esa relación con la tierra explica buena parte del tirón de la fiesta. No se trata solo de llenar la calle, sino de poner en valor una tradición que sigue teniendo peso real en el concejo. La avellana, además, actúa como hilo conductor de un fin de semana que combina mercado, reconocimientos, música y actividades paralelas, de manera que el visitante no se encuentra con una cita aislada, sino con una celebración completa.