La antesala de la gran Fiesta de la Sidra Natural
El mercadín no aparece aislado, sino como parte de una programación más amplia que desemboca en la Fiesta de la Sidra Natural, una celebración de interés turístico regional que recupera su dimensión completa. En la práctica, eso se nota en el ambiente de la ciudad: la sidra empieza a ocupar conversaciones, espacios y planes cotidianos, y el mercadín sirve para ir entrando en esa atmósfera antes de las jornadas más multitudinarias.
La presentación del certamen subrayó precisamente una idea que define bien el espíritu de estas fechas: la sidra se disfruta más cuando se comparte. Esa lógica atraviesa todo el plan, desde el paseo entre puestos hasta las actividades que irán llegando después. Más que una cita aislada, el mercadín funciona como una primera estación de un recorrido festivo que culmina con los actos centrales de la Fiesta de la Sidra Natural, de modo que quien se acerque estos días a Gijón encontrará una ciudad ya metida de lleno en ese ambiente.
También hay un componente de continuidad que merece la pena tener presente. En los dos últimos años, Divertia mantuvo viva la celebración con el mercadín y con un concurso de escanciadores sin público, pero ahora la cita recupera su escala habitual. Esa recuperación se nota en la forma de ocupar el espacio y en la ambición del programa, que vuelve a reunir propuestas pensadas para todos los públicos y para distintos momentos del día. ¿No es precisamente eso lo que hace que una fiesta arraigue de verdad en la ciudad?
Qué encontrarás en los puestos
Si algo define al Mercadín de la Sidra y la Manzana es la mezcla de producto gastronómico y artesanía vinculada a una misma cultura. Los puestos no se limitan a una sola categoría, sino que ofrecen una visión amplia de lo que gira alrededor de la sidra: dulces elaborados a partir de la manzana, licores que prolongan ese universo de sabores, piezas artesanales y joyería que trasladan la identidad sidrera a objetos cotidianos, además de escanciadores y otros artículos relacionados con el servicio y el consumo de la bebida.
Esa diversidad hace que la visita tenga varios niveles. Se puede ir a comprar, sí, pero también a comparar, a preguntar y a detenerse en detalles que muchas veces pasan desapercibidos. En un mercado así, cada puesto aporta una pieza distinta al conjunto y ayuda a entender que la sidra no es únicamente una bebida de temporada, sino una forma de producción, de relación con la tierra y de intercambio entre quien elabora y quien consume. El mercadín da visibilidad a ese trabajo y lo acerca de manera directa al público.
Además, la presencia de productores y artesanos crea un tipo de paseo muy concreto, más cercano al trato personal que al consumo impersonal. Quien se acerque podrá encontrar propuestas para llevarse a casa, pero también información, conversación y contexto. En una ciudad como Gijón, donde la sidra forma parte de la vida social y de la memoria colectiva, ese contacto directo tiene un valor especial. No hace falta buscar grandes artificios: basta con recorrer los puestos y dejar que el producto hable por sí mismo.
Los días que marcan la fiesta en Gijón
La programación de estas fechas va más allá del mercadín y reserva varios momentos señalados para el tramo final de agosto. El 25 de agosto, la Plaza Mayor acogerá el primer corte de la cata a la mejor sidra servida en la fiesta y después el Concurso de Escanciadores, con los mejores echadores del Principado. Dos citas muy ligadas al reconocimiento del saber hacer sidrero y a una tradición que en Asturias se vive con atención especial.
Al día siguiente, el 26 de agosto, llegará uno de los momentos más esperados: el Récord Mundial de Escanciado Simultáneo. Desde las seis de la tarde, la organización intentará reunir en Poniente a más de 9.721 personas para batir la marca. La tarde estará amenizada por Alberto Rodríguez, Neréa Vázquez y la Banda de Gaites Noega, en una jornada pensada para concentrar participación, música y celebración colectiva. La sidra con la que se intentará superar el récord será sidra D.O.P. elaborada con manzana 100 % asturiana, un dato que refuerza el vínculo entre la fiesta y el producto local.
El sábado llegará el turno de los cancios de chigre en la Plaza Mayor, con la Sociedad Torner, y el domingo 28 la fiesta despedirá su tramo principal con la jornada de degustación, 19 llagares participantes, la entrega del Tonel de Oro y la entrega del Elogio de Oro a la mejor sidra servida en la fiesta. Todo ello dibuja un cierre con mucho peso simbólico, en el que la tradición, el reconocimiento y el disfrute compartido se cruzan sin necesidad de artificios.
El valor de los llagares y de quienes sostienen la fiesta
La parte más visible de la celebración suele ser la que ocupa la calle, pero detrás hay un tejido de llagares que sostiene buena parte del sentido de estas jornadas. La jornada de degustación del domingo reunirá a 19 llagares participantes, una cifra que da la medida del protagonismo que tienen los elaboradores en este tipo de citas. No se trata solo de probar sidra, sino de acercarse al trabajo de quienes la producen y de reconocer una forma de hacer que se transmite con constancia.
En ese marco se entrega también el Tonel de Oro, un galardón que se concede cada año, elegido por los lagareros, a una persona especialmente importante para el sector. El reconocimiento distingue esfuerzo, trayectoria y prestigio, y en esta edición recae en Jaime García Poo, llanisco y fundador de la empresa corchera Casa Víctor. La entrega se anuncia como uno de los momentos más entrañables de la fiesta, y tiene lógica que así sea, porque pone el foco en una figura cuya aportación ha sido relevante para el mundo sidrero desde otro ángulo, el de los materiales y el trabajo auxiliar que también forman parte del ecosistema de la sidra.
Junto a ese reconocimiento aparece el Elogio de Oro a la mejor sidra servida en la fiesta, una distinción que completa el relato de esta celebración y que ayuda a entender por qué estas jornadas tienen tanta capacidad de convocatoria. Aquí se premia la calidad del producto, pero también la continuidad de un oficio que se sostiene en la precisión, en la experiencia y en una relación muy afinada con el territorio. Quien se acerque estos días encontrará una fiesta popular, sí, pero también una forma de poner en valor una industria artesanal que sigue teniendo mucho peso en Asturias.
Cómo llegar y cómo organizar la visita
Para acercarse al Mercadín de la Sidra y la Manzana, la referencia es el Puerto Deportivo de Gijón, un punto muy fácil de identificar dentro de la ciudad y bien conectado con el flujo habitual de paseos y desplazamientos urbanos. Quien se mueva por Gijón a pie puede llegar sin complicaciones desde el centro, y quien prefiera organizar la visita en transporte público o en coche encontrará un entorno ya acostumbrado a recibir público en estas fechas de verano.
Conviene pensar la salida con cierta flexibilidad, porque el horario amplio del mercadín permite adaptar la visita a distintos ritmos. A mediodía el recorrido tendrá un tono más tranquilo; por la tarde, el ambiente suele ganar presencia y el paso entre puestos se vuelve más pausado. También resulta práctico combinar la visita con otras citas del calendario sidrero, ya que el mercadín y el resto de actividades se van encadenando en los días previos al cierre de la fiesta. El programa completo está publicado en la web del Ayuntamiento de Gijón, donde pueden consultarse los horarios y el detalle de cada jornada.
A partir de ahí, el plan es sencillo: dejarse llevar por el ambiente, entrar en contacto con los productores y reservar un rato para mirar con calma. El mercadín tiene esa virtud poco frecuente de hacer muy visible una tradición sin convertirla en pieza de museo. Entre el 20 y el 30 de agosto, Gijón vuelve a darle espacio a la sidra en la calle, y lo hace con una mezcla de mercado, celebración y oficio que encaja muy bien con la forma asturiana de entender el verano.