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Factoría Sound trae cuatro noches de rock y psicodelia a Avilés

Rosalie Cunningham, Komodor, Wedge y Split Dogs firman el ciclo de otoño.

Factoría Sound trae cuatro noches de rock y psicodelia a Avilés
Komodor en Factoría Cultural de Avilés, Factoría Sound. Foto: Ayuntamiento de Avilés

Factoría Sound vuelve a mover el otoño en Avilés con cuatro conciertos que apuntan en direcciones distintas, pero comparten una misma idea: guitarras con carácter, grupos con recorrido y una programación pensada para quien busca noches de directo con personalidad. La cita reúne a Rosalie Cunningham, Komodor, Wedge y Split Dogs, cuatro nombres que llegan con nuevos trabajos bajo el brazo y con una energía muy distinta entre sí, aunque todos orbitan alrededor del rock más afilado, psicodélico o salvaje.

La propuesta funciona como una pequeña ruta por varias formas de entender el género, desde la elegancia retorcida de Cunningham hasta el pulso más crudo de las bandas que completan el ciclo. ¿Qué hace atractivo este plan? Precisamente esa mezcla de estilos y la sensación de que cada fecha tiene una identidad propia, sin repetirse ni buscar el mismo impacto dos veces.

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Un arranque con personalidad propia

La apertura del ciclo corre a cargo de Rosalie Cunningham, una artista británica que se ha ganado un nombre propio gracias a una manera muy libre de cruzar pop, psicodelia y prog. Su regreso a Avilés llega acompañado por una etapa especialmente activa de su carrera en solitario, en la que ha ido afilando una identidad muy personal tras cerrar su proyecto anterior, Purson.

En esta ocasión presentará Breaking The Fourth, el disco con el que continúa ampliando un repertorio muy reconocible por su imaginación, por su mezcla de melodía y extrañeza y por una forma de escribir que no se conforma con lo previsible. Si te atraen los conciertos donde la personalidad pesa tanto como la ejecución, aquí hay una apertura con mucho que ofrecer.

Psicodelia setentera con pulso actual

El siguiente golpe de efecto llega con Komodor, una banda francesa que ha convertido el high energy rock en una tarjeta de presentación muy clara. Su sonido remite al hard rock más orgánico y salvaje de los 70, pero no se queda en la simple recreación: lo afilan con guitarras rugosas, armonías vocales y un groove que sostiene cada tema con bastante oficio.

Su disco Time & Space refuerza esa línea, con un enfoque que mira al pasado sin sonar a copia. Hay en ellos ecos de MC5, David Bowie o T. Rex, pero filtrados por una personalidad que ya empieza a sentirse firme. Para quien disfrute con el rock de tintes psicodélicos y con ese punto de electricidad sucia que no se maquilla, su paso por el ciclo merece atención.

Fuzz, intensidad y decibelios

En noviembre será el turno de Wedge, trío alemán que trabaja una mezcla muy potente de high energy rock y heavy psych. Su música tiene algo de jam desatada, de riff afilado y de impulso constante, como si la banda quisiera llevar cada canción al borde de la saturación sin perder el control.

Con un cuarto álbum recién publicado, llegan en un momento muy oportuno para quienes buscan un directo musculoso, lleno de boogie, densidad y psicodelia. No es una fórmula para medias tintas: aquí la gracia está en la pegada, en la repetición hipnótica y en la sensación de avance continuo que dejan sus conciertos.

Punk rock con una frontwoman arrolladora

El cierre lo firman Split Dogs, una de las bandas más comentadas de la nueva ola del punk rock británico. Liderados por Harry Atkins, combinan la urgencia del punk clásico con la energía del pub rock y una actitud muy callejera, de esas que se notan desde el primer golpe de batería.

Su presencia en el ciclo llega con Nice N’ Rough, un segundo álbum que consolida su ascenso y que encaja bien con la imagen que proyectan en directo: directa, áspera y sin concesiones. Si lo que te pide el cuerpo es un final de temporada con nervio, aquí lo tienes.

Una programación para quien quiere guitarras con carácter

Más allá de los nombres concretos, Factoría Sound sigue funcionando como un ciclo que apuesta por bandas con discurso propio y por un público que agradece la variedad dentro del rock. No se trata solo de juntar conciertos, sino de construir una programación con personalidad, capaz de alternar psicodelia, hard rock, fuzz y punk sin que el conjunto pierda sentido.

Esa combinación es la que le da interés a la cita: no obliga a elegir una sola etiqueta, sino que abre varias puertas dentro de una misma escena. Y cuando una agenda musical consigue eso, deja de ser un simple listado de fechas para convertirse en una invitación clara a volver a escuchar el rock con matices.

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