Ya está en marcha una de las citas más sólidas del calendario cultural y patrimonial de Gijón: las XXVIII Jornadas Internacionales de Patrimonio Industrial de INCUNA, De la fábrica al proyecto. Durante cuatro días, el encuentro reúne a investigadores, gestores, docentes, profesionales del turismo, asociaciones y estudiantes en torno a una misma pregunta: cómo se protege, se interpreta y se transforma el legado industrial para que siga teniendo sentido hoy.
La propuesta llega con una mirada amplia y muy actual. No se queda en la memoria de la fábrica ni en la conservación del edificio, sino que cruza patrimonio científico y técnico, turismo industrial, educación patrimonial, museografía, cultura visual, restauración ferroviaria, asociaciones de defensa patrimonial o proyectos urbanos y territoriales. ¿Qué ocurre cuando el patrimonio deja de verse como pasado y empieza a pensarse como herramienta de trabajo? Estas jornadas responden precisamente a eso.
Un foro para pensar el patrimonio industrial desde el presente
INCUNA lleva décadas articulando un espacio de encuentro internacional que combina investigación, divulgación y acción cultural. Estas jornadas son su cita más reconocible, pero también la expresión más clara de una forma de entender el patrimonio industrial como memoria del trabajo, del territorio y de las comunidades que lo habitaron. La edición de 2026 insiste en esa idea con un programa que enlaza conservación, uso social y proyección pública.
La apertura correrá a cargo de Fernando Sáez Lara, con una conferencia sobre las actuaciones y retos del patrimonio industrial en los Planes Nacionales. A partir de ahí, el programa avanza con voces que miran el patrimonio desde diferentes ángulos: Juan González Ponte abordará la relación entre patrimonio industrial y asentamientos bioclimáticos desde la Agenda 2030, Joaquín Ibáñez Montoya se centrará en las emergencias en la salvaguarda del patrimonio cultural en un mundo en conflicto y Gumersindo Bueno Benito analizará las experiencias de ciudades y regiones que han convertido su legado industrial en palanca cultural y territorial.
Ese cruce de enfoques es uno de los grandes atractivos del encuentro. No se trata solo de escuchar ponencias, sino de entrar en conversación con especialistas que trabajan en campos muy distintos y que, sin embargo, comparten una misma preocupación: cómo hacer que el patrimonio industrial siga vivo sin vaciarlo de contenido.
Turismo industrial, redes y cooperación internacional
Uno de los ejes más visibles de esta edición es el turismo industrial. La jornada dedicada a ERIH, la Ruta Europea del Patrimonio Industrial, reúne a responsables de distintos países para pensar el paso de la ruta a la red, un cambio de enfoque que ya no se limita a enlazar enclaves, sino a tejer conocimiento, cooperación y desarrollo territorial. Walter Hauser, Javier Puertas, Tomáš Raboch, Christiane Baum, Lara Martínez, Marek Golosz, Alexandra Alves y Massimo Preite aportan miradas complementarias desde Alemania, España, Chequia, Portugal, Polonia e Italia.
Junto a ellos, la presentación de la guía turística del patrimonio industrial griego abre otra línea muy interesante: la de convertir la documentación, el archivo y el mapa colaborativo en una herramienta para recorrer el territorio. También habrá espacio para proyectos como IBERIND, pensado para fortalecer una red iberoamericana de investigación y valorización del patrimonio industrial y cultural. En un campo donde a menudo cada experiencia trabaja por su lado, estas jornadas insisten en la utilidad de conectar iniciativas y compartir métodos.
A ello se suman casos concretos que ayudan a aterrizar el debate. El turismo industrial en Asturias, la red portuguesa como modelo de buenas prácticas, la experiencia de Silesia en Polonia, la propuesta de São João da Madeira o la relación entre patrimonio y desarrollo en territorios carboneros muestran que no hay una única fórmula. Lo que sí aparece una y otra vez es la necesidad de gestión, criterios comunes y alianzas estables.
Proyectos, museografía y territorios que se reinventan
Más allá del gran bloque dedicado al turismo, el programa también presta atención a proyectos aplicados que trabajan sobre el terreno. Ahí encajan la experiencia del patrimonio agroindustrial cafetero de Caldas en Colombia, el potencial cultural y turístico de Cangas del Narcea y el suroccidente asturiano, o la mirada sobre los territorios del carbón que propone CIUDEN. Son casos distintos, pero todos comparten una misma lógica: el patrimonio no se limita a conservarse, también puede activar relatos, recorridos y economías locales.
La museografía industrial tendrá su espacio con la presentación de CEMUSI, una experiencia que busca construir un marco internacional de cooperación entre museos, universidades, profesionales y territorios. También aparecerán el archivo fotográfico de Paisajes Españoles, con más de un millón de imágenes aéreas, o el trabajo sobre chimeneas industriales del sur de Córdoba como itinerario didáctico. Son propuestas muy distintas entre sí, pero todas ayudan a entender que el patrimonio industrial no vive solo en las grandes fábricas o en los grandes complejos mineros: también está en la imagen, en la cartografía, en el aula y en la lectura crítica del paisaje.
Esa amplitud es quizá la mejor definición de estas jornadas. No se limitan a conservar una memoria, sino que la convierten en materia de proyecto. Y ahí está buena parte de su interés: en comprobar cómo una antigua fábrica, una ruta minera o una chimenea aislada pueden seguir generando pensamiento, cooperación y nuevas formas de relación con el territorio.
Una cita para escuchar, debatir y mirar el patrimonio de otra forma
El formato híbrido permite seguir el encuentro de manera presencial y también a distancia, pero el peso de la cita sigue estando en el intercambio directo entre perfiles muy distintos. Hay académicos, representantes institucionales, responsables de redes europeas, gestores culturales, técnicos, arqueólogos, arquitectos y profesionales del turismo que trabajan sobre el mismo material con herramientas diferentes. Esa mezcla es precisamente la que hace valioso el programa.
Quien se acerque a estas jornadas encontrará una visión amplia del patrimonio industrial, desde su dimensión más técnica hasta su capacidad para activar proyectos culturales y territoriales. Frente a la idea de que el patrimonio es solo conservación, el encuentro propone otra lectura: la de un recurso para pensar el presente, construir alianzas y abrir caminos de cooperación que no se agotan en una sola disciplina.
Gijón vuelve así a ser el lugar donde el patrimonio industrial se mira sin nostalgia y con ambición. Un lugar para comprobar que, cuando la fábrica se convierte en proyecto, lo que se gana no es solo memoria: también método, red y futuro.